Anahata

Necesitamos sanar los sentimientos que podamos albergar de carencia, vacío, incertidumbre y baja autoestima, para que el sol pueda brillar desde este centro. Necesitamos reconocer que son nuestras intenciones las que nos permiten alcanzar o no, lo que nuestro corazón anhela.

Forma del Mandala

Estrella de seis puntas, esta estrella está compuesta por dos triángulos superpuestos y en intersección. El triángulo que apunta hacia abajo, representa el principio femenino, el espíritu que desciende a la materia. El triángulo que apunta hacia arriba el principio masculino, la materia que se eleva para encontrarse con el espíritu. Cuando estas dos fuerzas se unen armónicamente se alcanza el equilibrio.

Los doce pétalos del loto estos doce pétalos desplegándose hacia el exterior representan la energía expandiéndose hacia doce direcciones a través de doce fuentes.

El Chakra del Corazón

El nombre en sánscrito Anahata significa “El no golpeado” “El sonido que se produce sin que dos cosas se toquen”. Se dice que el sonido primordial que no proviene de ningún roce es Anahata, también se refiere a la coexistencia del cuerpo y el espíritu.

El Chakra del Corazón es el cuarto de los centros energéticos de nuestro cuerpo, es el puente a través del cual nos movemos desde los centros de energía inferiores a los superiores, desde la esfera de las necesidades básicas al de las bendiciones.

Es el centro del amor, de la comprensión, de la capacidad de empatizar y de “sentir con”, sede de la compasión y del amor incondicional. Las cualidades fundamentales del Anahata son la paz, la unidad, la fraternidad, la solidaridad, la comunión, la plenitud, el gozo y la búsqueda de la armonía. Es a través de este centro que percibimos la belleza ya sea de la naturaleza, de las artes o de la propia vida. Desde el Chakra del Corazón las imágenes, las palabras y los sonidos se transforman en sentimientos.

La única fuente regidora de este Chakra es la capacidad de amar, de ser receptivo y de permitir que se produzca el amor siendo a través de este proceso que llegamos apercibir y sentir el valor sagrado de las cosas, por pequeñas y simples que éstas sean. Desde este centro nos conectamos con el amor divino, percibiendo todo lo que nos rodea como su manifestación.

El trabajo del Cuarto Chakra reside en entregarnos a la vida, confiando y permitiendo que ella nos guie. Si externamente no somos amados, aceptados, respetados y alimentados, podemos seguir avanzando pues nuestro crecimiento consiste en aprender a darnos aquello que el mundo no nos da.

El Anahata nos enseña una lección fundamental y en ocasiones, difícil de asimilar, que es, que en realidad no hay un camino ascendente o descendente, si no que el camino es hacia el interior. La única inteligencia del corazón es recordar el amor.

Texto extraído del libro “Los Chakras – Mandalas de Energía”
Autora Tat – Montserrat Estrada
Edit. mtm